[Verso 1]
Había una vez una niña llamada Quica,
con canciones guardadas dentro del corazón,
entre hamacas, galletas y tardes tranquilas,
iba llenando de amor cada rincón.
[Verso 2]
Le gustaba escuchar la música del viento,
mientras el cielo la veía sonreír,
y a su manera regalaba cariño,
de esos que nunca se pueden ir.
[Estribillo]
Gracias, Quica,
por tu luz y tu calor,
por las huellas que dejaste
en cada pequeño corazón.
Gracias, Quica,
porque sigues junto a mí,
como una dulce melodía
que jamás tendrá final.
[Puente]
Y aunque los ojos ya no puedan encontrarte,
el corazón te sabe descubrir,
en cada nota, en cada abrazo,
en todo lo que aprendimos de ti.
[Estribillo Final]
Gracias, Quica,
por tu luz y tu calor,
por las huellas que dejaste
en cada pequeño corazón.
Gracias, Quica,
porque sigues junto a mí,
como una dulce melodía
que jamás tendrá final.
[Final]
Y en el viento queda tu canción...
Erica...
para siempre en el corazón.